La noticia de que el festival de Bayreuth transmitirá Los maestros cantores, de Wagner, por internet (claro que a un precio de setenta y siete dólares), me recordó un artículo que el crítico Alex Ross publicó hace un tiempo en el New Yorker. El artículo se llamaba "The Well-Tempered Web" (La web bien temperada) y la idea central era que Internet podía herir de muerte a la música pop pero, inversamente, era propicia para la música clásica. Mientras que prácticamente ya no hay revistas dedicadas a esta música, proliferan en internet (todo prolifera en Internet) los sitios y blogs dedicados tanto a los compositores como al repertorio. Paradójicamente, o no tanto, el punto más masivo de la tecnología de grabación (el MP3) ha provocado, y acaso seguirá provocando, una resurrección de los conciertos y la música en vivo, aunque quedaría por decidirse si esto no implicará, a su vez, una pérdida del recogimiento, de esa intimidad solitaria y solipsista que todo oyente mantiene con un disco.
Desde sitios oficiales (como éste, fantástico, del Arnold Schönberg Center) hasta otros personales (como el blog del propio Ross), cualquiera (aficionado o experto) puede ampararse en el anonimato de la web para conseguir informaciones y músicas que, hasta hace un tiempo, era virtualmente inaccesibles. El lado oscuro de esta euforia es, previsiblemente, que la profusión dispersa la escucha. Acá, en Argentina, hay por lo menos dos blogs dedicados a la música y, de manera más específica, a la música contemporánea: el del musicólogo Luis Menacho, el del compositor Martín Liut, el de Martín Devoto, a los que habría que agregar los cientos de MySpace que tienen incontables músicos e intérpretes.
Ya lo habíamos dicho hace un tiempo y lo recordamos ahora. Este año, Alfred Brendel se retira de sus actuaciones públicas. Acá, con Schubert, uno de los compositores que mejor tocó.
Tal vez no tenga sentido insistir en la relación que el jazz mantuvo desde su origen con la tecnología; más aun, el modo en que la tecnología hizo posible la historia misma del jazz y la construcción de una tradición (a diferencia de lo que creía Walter Benjamin acerca de la reproductibilidad técnica, como observó agudamente Beatriz Sarlo en un articulito incluido en Siete ensayos sobre Benjamin). Así las cosas, fue natural que el arte de tapa de los discos tuviera un desarrollo simultáneo. Muchas de las tapas de LP más hermosas de la historia pertenecen a discos de jazz (más adelante colgaremos algunas). Por ahora, nos conformaremos con mostrar una de las peores, una de las de peor gusto. Algunos podrán pensar que el pianista en cuestión (Phineas Newborn) no merecía menos.
"Yo paso por ser lo que se llama un escritor serio, como Béla Bartók pasa por compositor serio, y la fama se difunde. En el fondo es una reputación pésima. Yo me siento absolutamente incómodo. Por otra parte, tampoco soy, naturalmente, un escritor alegre, un narrador de historias, en el fondo aborrezco las historias. Soy un destructor de historias, soy el típico destructor de historias. En mi trabajo, cuando se forman en alguna parte signos de una historia, o cuando sólo a lo lejos, en alguna parte detrás de una colina de prosa, veo surgir la insinuación de una historia, disparo contra ella". (Thomas Bernhard, en el librito El italiano, leído en estos días mientras preparaba un artículo sobre T.B.)
Hoy se editó Loverly, el nuevo CD de Cassandra Wilson. Veinte años después de Blue Skies (1988), Wilson vuelve a grabar un disco dedicado eminentemente a un repertorio de standards. La acompañan, aunque con un alto grado de protagonismo, Jason Moran (piano), Marvin Sewell (guitarra), Lonnie Plaxico/Reginald Veal (contrabajo), Herlin Riley (batería) y Lekan Babalola (percusión).
El Times descubrió (tan tarde, verdaderamente, que no hay casi noticia) que algunos instrumentistas y cantantes abusan del alcohol y de ciertas drogas para calmar los nervios y el pánico escénico que preceden a los conciertos.
El mes que viene, la editorial Adriana Hidalgo publicará la Poesía reunida (en realidad, la poesía completa hasta el momento) del poeta entrerriano Arnaldo Calveyra. El libro va entonces desde Cartas para que la alegría hasta Diario de Eleusis e incluye muchos poemas inéditos, sin contar, claro, la novedad que implica la recuperación de los libros ya publicados pero hasta ahora inhallables.
Anoche, en el Luna Park, después otro concierto deslumbrante (aunque con problemas de amplificación) al frente de la Staatskapelle Berlin, Barenboim habló, justa y duramente, sobre la situación del Teatro Colón. Aquí, el video.
La preciosa y activa editorial Amadeo Mandarino acaba de publicar Del Dandismo y de George Brummell, de J.-A. Barbey D´Aurevilly. De ahí, esta frase: "El Dandismo es el producto de una sociedad que se aburre, y ela burrimiento no vuelve bueno a nadie. Es lo que no debe perderse de vista cuando juzgamos a Brummell. Era ante todo un Dandi, y lo único importante es el poder que ejercía. ¡Singular tiranía que no incitaba a la rebelión! Como todos los Dandis, le gustaba aun más asombrar que agradar: preferencia muy humana, pero que lleva lejos a los hombres; pues el asombro más bello es el espanto. Sobre esta pendiente, ¿dónde detenerse? Sólo Brummell lo sabía".
Cierta negatividad (en el sentido del término más cercano a Adorno) del dandismo, su aquiescencia veleidosa hacia lo nuevo (que sin embargo, en una irónica asimetría, no renuncia al pasado) me parecen más imprescindibles ahora que en el siglo XIX.
Mientras buscaba otras casas, otros fantasmas de otros muertos, me topé con este cartel:
atornillado a una pared de este edificio:
y recordé enseguida estos versos del poema "Recitative by Death", incluido en el libro Thank you, Fog: "We shall meet face to face,/ Despite the drugs and lies of your physician,/ The costly euphemisms of the mortician:/ Westchester matron and Bowery bum,/ Both shall dance with me when I rattle my drum". En la traducción poco feliz de Silvia Barbero Marchena publicada por editorial Pre-Textos, suenan así: "Nos encontraremos cara a cara,/ a pesar de los fármacos y las mentiras de sus médicos,/ de los costosos eufemismos de los agentes funerarios./ La matrona de Westchester y el mendigo de Bowery/ han de bailar conmigo cuando yo toque mi tambor".
Otra noticia sobre Riccardo Muti. En una entrevista publicada en la revista Musikfreunde, Muti habla sobre Herbert von Karajan: "Karajan es el último representante del romanticismo". Más adelante lo compara con Arturo Toscanini y con Wilhelm Furtwängler: "Karajan tomó algo de los dos. De Toscanini, la claridad, la pureza, la precisión; de Furtwängler, la actitud romántica, el Sturm und Drang, y lo desarrolló con su propio estilo". Es como si, con la apelación a la "pureza", Muti pretendiera reconciliar a Karajan con las tendencias historicistas. Por mi parte, y aun con todos los sinceros reparos que puedan interponerse, sigo prefiriendo a Furtwängler y a Karajan antes que a los partidarios de la arqueología musical, sin omitir, desde ya, el modo en estos últimos pueden iluminar costados ocultos de ciertos repertorios. Acaso cada época deba tener sus propias lecturas.
Hace un par de semanas, en el concierto de Sergio Tiempo en el Teatro Coliseo, se rompió una cuerda del piano. Pero ese contratiempo, incómodo pero leve, es incomparable con lo que le pasó a Zubin Mehta mientras dirigía a la Orquesta Filarmónica de Israel en Tel Aviv: un gato entró en la sala y obligó a interrumpir la función. Aquí, el video.
"Este poblado se ve silencioso. Nadie camina. El sol brilla en las paredes de las casas, que parecen más altas gracias al declive de las calles. Es el momento de la siesta, la hora cuando se descansa en un simulacro de noche. Irregulares, los techos rojos repiten la pendiente de la barranca como si fueran tejas rotas abandonadas sobre la tierra, escalones casi silvestres que nadie pisa y todos agradecen. Los ángulos de estos techos, inverosímiles, son perceptibles gracias a los de las ventanas, completamente irregulares. A veces un árbol mediano impone su referencia con la vertical; y es entonces cuando el paisaje se vuelve más raro. Al final del declive está el agua, que soporta tranquila mientras todo el pueblo se derrama de a poco sobre ella". "Vuelta" se llama este texto con el que empieza El llamado de la especie, de Sergio Chejfec, que será próximamente reeditado por Alfaguara.
Riccardo Muti acaba de ser designado director de la Sinfónica de Chicago. Aquí, Alex Ross cuenta algunos detalles y da su juicio. A quien quiera saber algo más sobre el discutido y discutible Muti, le recomiendo el capítulo "Formula Uno" en el libro The Maestro Myth, del crítico Norman Lebrecht.
CULTURA: "Apretada entre finanzas y cine,/ mullida habitación de un burbujear/ filológico, ondulado ramo de algas/ danzantes en el acuario de las reseñas,/ este atenuado espacio, se diría, es muda/ custodia, si no fuese por el susurro/ de aquellas burbujitas que suben, expulsadas sílabas de oxígeno,/ de un motor oculto,/ fuente de la respiración,/ libro-hélice".
Este poema del italiano Valerio Magrelli está en el libro Epígrafes para la lectura de un diario, que, con traducción y prólogo de Guillermo Piro, acaba de publicar la editorial bajo la luna.
"El sueño es una segunda vida. No he podido franquear sin estremecerme las puertas de marfil o de cuerno que nos separan del mundo invisible. Los primeros instantes del sueño son la imagen de la muerte; un aturdimiento nebuloso se apodera de nuestro pensamiento, y no podemos determinar el instante preciso en que el yo, bajo otra forma, continúa la obra de la existencia". Así empieza Aurelia, la novela breve de Gérard de Nerval, en traducción de Valeria Ciompi para una edición de Alianza Editorial recién dsitribuida en Buenos Aires. El crítico Albert Béguin veía en ese principio el eslabón que anudaba el romanticismo alemán con el surrealismo francés. La idea, que piensa en términos de continuidades antes que de rupturas, resulta un poco insostenible y, de hecho, Walter Benjamin la refutó en su momento. Menos defendible todavía sería en la literatura aregntina.
Para la revista Gramophone, estos (Steve Reich, Osvaldo Golijov, Thomas Adès, John Corigliano, et.al.) son los grandes compositores de la actualidad.
Murió el clarinetista Jimmy Giuffre, líder de uno de los mejores tríos de jazz (con el pianista Paul Bley y el contrabajista Steve Swallow) que grabó el disco que se ve arriba, uno de los registros más abstractos, refinados e imprescindibles de la historia del género.
Como algunos sabrán (porque lo dije, porque lo escribí alguna vez), Brad Mehldau no es, como suelen decir los ingleses, mi cup of tea. La explicación sería larga. El caso es que la pregunta que sobreviene después de las objeciones es qué pianista medianamente joven prefiere uno. Mi respuesta es siempre la misma: Jason Moran. Hay en Moran, cinco años más joven que Mehldau, una intersección entre lo nuevo y lo arcaico (mezcla procedente acaso de su maestro Jaki Byard), con una rítmica vertiginosa muy cercena por momentos a Prokofiev (al Prokofiev del último movimiento de la Sonata Nº 7). Cualquiera de sus discos (de Black Stars, con Sam Rivers, al intrépido The Bandwagon, pasando por ivey-divey, con el clarinetista Don Byron) que podrían convertirlo en el emblema de algo que, no sin imprecisión, sería el jazz posmoderno. En su página, están disponibles (para escuchar o bajar) temas no recogidos en disco con Lee Konitz (en dúo), Wayne Shorter y Greg Osby.
Esta semana se presentó en una reunión reducida y tan poco formal como feliz la programación de música que la Biblioteca Nacional tiene prevista para este año. Estaban allí algunos compositores (Gerardo Gandini, a cargo de uno de los ciclos, Martín Liut), el musicólogo Pablo Fessel y, naturalmente, Horacio González. Mientras en el Colón la experimentación se convierte en museo, la Biblioteca Nacional está ocupando de a poco, gracias a las inteligentes decisiones de Ezequiel Grimson, responsable del área de música, y más allá de lo logrado o defectuoso que resulte cada uno de los conciertos, el lugar que tuvo el Goethe Institut en su momento (tal vez en un tiempo el recién reabierto teatro 25 de Mayo pueda disputar ese lugar). Lamentablemente, hasta donde pude buscar, el programa no está disponible en la página de la Biblioteca. En cualquier caso, haremos más adelante alguna recomendación.
PABLO GIANERA